El hombre Géminis

 

La mitad del alma de Géminis sigue siendo un niño inseguro, que necesita la contención familiar; la otra mitad es un hombre ansioso, cuya curiosidad se dirige hacia las maravillas ignoradas que están fuera de su alcance. Sus virtudes son la versatilidad, la perspicacia, la percepción, la deducción y la flexibilidad; sus defectos, la impaciencia, la superficialidad, la ambigüedad, la falta de fiabilidad y el autoengaño. El hombre Géminis necesita y desea el amor, pero cuando se convierte en una barrera para su libertad lo aparta, olvida sus beneficios y la seguridad que brinda. Su regente, Mercurio, lo obliga a probar y descartar un millar de caras, en la búsqueda de su identidad personal. Como se trata de un signo de Aire, mental, siente la necesidad de devanarse los sesos pensando, concluyendo, imaginando, proyectando, descartando y analizando hechos concretos o inciertos. Va por el mundo buscando un ideal de verdad y felicidad perfectas, y después retorna al hogar.
Por momentos es un alma buena, retraída y humilde, con accesos de melancolía, y un rato después se muestra irónico, sarcástico, discutidor, insultante. Un día está tan sosegado que hasta parece aburrido. Al otro, se convierte en un fuego fatuo que transmitirá ideas ingeniosas, pero imposibles, inquieto en el plano físico como comunicativo en el plano verbal. La naturaleza embaucadora que le transmite su planeta regente, Mercurio, se oculta bajo un intelecto agudo. Su sentido del humor es desopilante, pero puede estar burlándose de su interlocutor, de manera indirecta y sin ninguna culpa. La capacidad de innovación creativa, de descubrimiento científico, de logros intelectuales, de seguridad material y de percepción espiritual del hombre Géminis no tiene límites. Nunca se sabe qué busca.
Para una mujer, a pie o en automóvil, es emocionante; peligroso pero emocionante. El hombre Géminis, a pesar de toda su desenvoltura, se siente solo. Sabe que hay cosas más emocionantes que el limitarse a seguir viviendo. A veces, llega a pensar que morir sería una aventura portentosa. No suele revelar su soledad interior, pero no tiene demasiada conciencia de ella. Busca, aprende, averigua. De sus frases saltarán chispas de imaginación. Habla mucho para descubrir poco, pero sin sus fantasías verbales, todos disfrutaríamos mucho menos de la magia en este mundo, por momentos sórdido y gris; mucho menos dinero cambiaría de manos y muchos menos sueños se harían realidad. El secreto que oculta tiene que ver con que alguna vez tocó una maravilla que Mercurio sólo le permitió disfrutar muy rápidamente.
Nunca es torpe. Controla las situaciones con desenvoltura, manejando su propio miedo y hace uso de una gran sutileza. Es muy diestro con las manos (por eso hay tantos magos de este signo) pero también lo es con la mente, y en cuanto a su corazón, contiene muchos compartimientos en los que oculta compasión, dulzura, sorpresas, humor, esperanzas y rayos de sol. Será difícil que renuncie definitivamente a flirtear, fascinar, provocar, persuadir o sólo a hablar con miembros del sexo opuesto, es decir, mujeres (o del suyo propio). Le gusta la fotografía la pintura, el cine, el teatro y el arte en general. Nace con una condición natural hacia la armonía y el equilibrio. El hombre Géminis es negligente con respecto a la amistad, los negocios y el amor. Aparece como un peregrino solitario, desarraigado, emocionalmente desprovisto de hogar, que está extraviado y busca cariño, como un niño eterno.

Predicciones

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