El hombre Acuario

Un enigma para sus familiares y amigos, se acerca a los jóvenes de corazón y posee una sabiduría innata que contrasta con sus excentricidades. Busca los misterios y las novedades para profundizar en ellos y disfrutarlos. Le gusta sorprender y lo logra. Quienes lo rodean, advierten su inexplicable talento para predecir el futuro, su extraordinaria capacidad telepática y su alma adivinando la verdadera personalidad de un desconocido. Vive un poco en el futuro y siente cierta subestimación hacia la autoridad y las normas rígidas. No puede respetar lo que sabe que terminará modificándose. Amigo de la tolerancia, es capaz de llegar a la violencia para defenderla. Aun así, los Aguadores siguen fijos en sus opiniones personales, códigos privados y formas de vida; esto se debe a la contradicción de Urano, su planeta regente. Para el hombre Acuario, que desconoce las distintas formas del prejuicio, cualquier ser humano es un amigo, sin importarle sus valores personales, porque está convencido de que todos formamos parte de la Naturaleza.
Suele mostrarse negligente en sus relaciones personales porque busca el bienestar de la sociedad en su totalidad. Cree en un futuro mejor si se destruyen las viejas costumbres, para dejar paso a la espiritualidad. Al predecir lo que va a ocurrir, no explica cómo ha llegado a esa conclusión, salvo a los niños, que él sabe que comprenden porque mantienen la inocencia, la misma con la que él capta mejor que nadie el futuro. Sus virtudes son la individualidad, la cordialidad, la originalidad, la creatividad, la videncia y el genio. Sus defectos son la neurosis, el desapego, la falta de cooperación, la excentricidad y la distracción.
Para el hombre de Acuario, el amor es una emoción desprovista de egoísmo, en la que hay que investigar y gozar pero suele dejarlo pasar, confundiéndolo con la amistad. No es un hombre fácil de tratar, porque su genialidad suele rozar la locura. Por otra parte, él se ocupa de sus negocios y pretenderá que tú te ocupes de los tuyos, sin mutuas interferencias. Si le arrojas una serie de responsabilidades, pasará sobre ellas como si no las hubiera visto. Mira hacia los costados, atrás y adelante, jamás hacia abajo, por lo que suele invadir terrenos ajenos, sin autorización.
Es absolutamente imprevisible y puede plantearte la idea más alocada que termina siendo una de sus genialidades. A pesar de mostrarse inconstante, mantiene una dignidad que despierta respeto. Resulta extraño que un Aguador pertenezca al elemento Aire, pero es esta mezcla de elementos lo que lo vuelve tan diferente e interesante. Cualquier tipo de asociación que realice, puede durar una semana o toda la vida.
Con él, nunca se sabe, y tal vez es esta duda parte de su atractivo. Aún así, es comprensivo y siempre tendrá un oído atento para el que sufre, una especial capacidad de comprensión hacia los sentimientos ajenos y una generosidad espontánea. Como idealista, defenderá la causa de los aborígenes y de los marginados y puede hacerlo directamente en el Congreso: está lo suficientemente informado como para luchar por sus creencias. Es un hombre que tiene plena conciencia de que el planeta está enfermo de indiferencia y hay que curarlo por su bien.
Está en contra de los que dividen la Tierra entre ricos y pobres y convencido de que hay que detener, aún por necesidad médica y científica, la muerte de los animales. Estamos hablando de una persona que, a pesar de sus extravagancias, cree fundamentalmente en el crecimiento de la humanidad.