Venus

El amor tiene múltiples caras, que son de lo más valiosas cuando se trata de revelar y de comprender las indicaciones desveladas por la presencia de un astro con cualidades tan sutiles como las de Venus. «Sin amor, no somos nada», cantaba Edith Piaf. ¿Significa esto que sin Venus, y lo que representa y simboliza en la jerarquía celeste de los astros, no existiríamos? No podemos contestar a esta pregunta sin señalar antes que todos los componentes de nuestra personalidad son importantes. Pero tampoco podemos abstenernos de observar que hay algo, en los remolinos emocionales que engendran el amor en cada uno de nosotros, que recuerda los movimientos constantes de los astros, de las células, de los átomos, de la luz y de la vida en la Tierra y en el universo. Por lo tanto, todo nos conduce a responder que, efectivamente, ¡sin Venus, no hay salvación!

Venus en la Carta Astral

Venus nos informa sobre la naturaleza y la expresión de nuestros sentimientos, emociones y motivaciones. Aquí, cabe recalcar la distinción entre las motivaciones de un ser, reveladas por Venus, y sus deseos, que son propios de Marte, sus pulsiones, indicadas por la situación de Plutón, y sus impulsos, señalados por la posición de Urano. Movimiento, mover, emotivo, emocionar, emoción, remover y motivación tienen una raíz común en latín: moveo, movi, motum, movere. El movimiento es el gran principio del mundo físico. Este es quien crea la vida. Lo que pone al individuo en movimiento son sus motivaciones, sus emociones y sus sentimientos. Estos tienen algo de íntimo, de esencial y de muy personal, mientras que los deseos responden a menudo a solicitudes del mundo exterior.
En resumen, podríamos deducir que las cualidades reveladas por Venus pertenecen al campo del alma, mientras que las de Marte están condicionadas por el cuerpo físico. Naturalmente, ambas resultan de igual importancia. No hay componente de nuestra personalidad que no debamos integrar y vivir plenamente.
El hecho mismo de decir que experimentamos sentimientos revela que, al amar, nos experimental nos a nosotros misinos y que de este modo aprendemos a conocernos. Esta facultad personal que tenemos de sentir, experimentar y vivir nuestros sentimientos y emociones es la que nos informa acerca de la verdadera naturaleza de nuestras motivaciones, revelada por la posición de Venus en nuestra carta astral.

Identidad astrológica de Venus

Venus es el astro del amor bajo todas sus formas. Tal como acabamos de ver, informa sobre la naturaleza de los sentimientos, de las motivaciones y de las emociones de un ser, pero también sobre su sensualidad, su gracia, su encanto, su belleza. Informa asimismo sobre sus gustos, su sentido de la armonía, las formas y los colores que aprecia, sus placeres, su sensibilidad por las artes y sus dones potenciales de expresión artística, su refinamiento, su esteticismo, su aspiración a la felicidad, al bienestar. Venus vuelve a la persona sentimental, sociable, altruista, humanista, fiel, posesiva, apasionada, libre o, al contrario, dependiente. Indica el comportamiento afectivo, la facultad de amar y hacerse amar, el amor del prójimo, la dulzura y las alegrías simples y naturales de la vida, la necesidad de comprensión, de seguridad, de construcción de unas relaciones agradables.
En la carta astral de un hombre. Venus es la amante, la amiga, la mujer amada, la hermana. En la de una mujer, puede ser también la hermana o la amiga, pero es sobre todo la joven que fue y la mujer amante que es. Finalmente, Venus indica también el poder de seducción y de atracción que un individuo es capaz de ejercer sobre los otros para dejarse amar o para atraer su atención. Fisiológicamente, Venus reina sobre el buen funcionamiento del metabolismo, la circulación sanguínea, las funciones renales, la garganta y los ovarios.

Identidad astronómica de Venus

Venus es el segundo planeta del sistema solar, situado entre Mercurio y la Tierra, a unos 110 millones de kilómetros del Sol. Después de los dos luminares que son el Sol y la Luna, Venus es el astro más brillante visto desde la Tierra. De hecho, es el primero en aparecer en el cielo por la noche, justo después de la Luna, y el último en desaparecer por la mañana; por ello, se le llama también lucero del alba.
Según las últimas estimaciones, gira sobre sí mismo en 243 días, en sentido contrario al de los otros planetas. Su revolución alrededor del Sol sobrepasa un poco los 224 días. Un día en Venus equivale a 117 días terrestres. Está envuelto por una espesa atmósfera nublada, compuesta por gas carbónico y nitrógeno, que origina un efecto invernadero en su superficie. Su temperatura es de unos 475° C, tanto de día como de noche.