El hombre Capricornio

Si bien el hombre Capricornio está seguro de su capacidad y su derecho para asumir el mando, no siente la necesidad de exhibir su poderío ni de conquistar la adulación social. Sabe que la auténtica paz emana de adentro y que su destino de líder incluye responsabilidades que hay que manejar con destreza. Sus parientes (y sobre todo sus padres) adquieren para el hombre de Capricornio una gran trascendencia. Más que los romances y el libertinaje, busca la comodidad y la satisfacción junto a aquéllos de cuyo amor está seguro. El hombre de Capricornio está preparado para comunicar la sabiduría de Saturno y está bien predispuesto para brindarla, siempre que se la soliciten. Muy secretamente, desea renunciar al deber, pero está resignado a que no hay nada que pueda ayudarlo a crecer tanto como la experiencia. El idealismo no le resulta práctico. Más que impulsivo, se muestra conservador y su negativa a caer en sentimentalismos o esfuerzos innecesarios, determina que algunos lo acusen de frialdad emocional.
Respeta la autoridad, porque considera que la ley es necesaria para proteger la seguridad humana y venera en silencio a los triunfadores, porque su regente, Saturno, le enseña a reverenciar el éxito, cuyo precio conoce mejor que nadie. Aparece como austero e inflexible, pero tiene su lado humorístico y sus bromas sutiles están teñidas de ironía. Como Saturno le impone su condición de consejero de los necios, suele caer en “raros” placeres de la vida para compensarse, aunque finalmente se arrepienta. Posee la poco frecuente virtud de comprender los errores humanos.
Sus virtudes son la tenacidad, la estabilidad, la prudencia, la fiabilidad, la tranquilidad y la seguridad. Sus defectos son el egoísmo, la rigidez, la intolerancia, la ambición, el esnobismo, la depresión y la soledad. Para este hombre, amar es intercambiar, en forma apacible y noble, satisfacciones personales, pero le cuesta experimentar la liberación de sus anhelos más ocultos. De manera milagrosa, a medida que envejece se vuelve más joven. Ponen afán en todo lo que emprende y malvado o simpático, siempre aparece previsible. Es misántropo o sólo tiene un buen amigo que le dura toda la vida.
Se comporta como un realista convencido y luchará de frente y sin vacilar. Toma una decisión práctica acerca de la forma de terminar con un fracaso. Al menos, mantendrá una apariencia de éxito. Encontrará algo valioso cada vez que sus planes se derrumben, contando con la virtud de no responsabilizar a los demás de los malos cálculos con los que se realizó una gestión. Se esfuerza tanto en no cometer errores que cuando así ocurre se pone nervioso y no puede musitar ni un tímido “lo siento”, sobre todo socialmente. Puede calcular casi con exactitud la naturaleza de las dificultades de una situación. Deduce sobre datos y no adivina. Evita, a cualquier precio, el desastre total y da vuelta todas las facetas del desencanto para sacarles algún provecho. Prudente en el manejo del dinero, puede ser generoso ante la desesperación ajena.
Encuentra satisfacción en la naturaleza, el arte, la música y el perfeccionamiento humano. De tan sensato, lo alegra reparar máquinas, cultivar jardines y controlar cómo se multiplican sus intereses en sus cuentas de ahorro. Es cariñoso con los animales domésticos, aunque no llegue a malcriarlos ni permita que le arruinen los muebles. También le encantan los bebés, aunque no les haga arrumacos ni se exceda en los mimos, Oculta sus sentimientos bajo la compostura y el autocontrol.