El hombre Escorpio

El hombre de Escorpio debe triunfar por cualquier medio, menos el de arriesgar su vida. Algunos hasta llegan a este último extremo. Tiene una máscara social impecable, pero en la vida, puertas adentro, se transforma. El hombre Escorpio tiene una memoria excepcional. Si se entera de que un pariente está en apuros, lo socorrerá con la serenidad y la distancia de un jefe de la mafia. Este hombre, cuando es víctima de una injusticia, es capaz de esperar su momento de vengarse durante años. A este ser, regido por Plutón, le bastará, aunque parezca magia, desear inconscientemente algo, para que suceda. El hombre Escorpio no le hace caso a las personas que no respeta, sin importarle que se note la discriminación.
Esta es una de sus formas de venganza. Si perdió la fe en alguien, no es fácil, por no decir imposible, recuperar su confianza. Ahora, si el que lastima es él, recuperará la fe que el ofendido le prodigaba con gran rapidez. Le importa tener suficiente dinero en su cuenta de ahorros, viajar y producir una película que sea galardonada con el Osear. El poderío de Plutón corporizado en un hombre de Escorpio produce temor, aunque también respeto. Su lealtad y apoyo son inconmovibles. Su tenacidad y fuerza pasan por grandes sacrificios con respecto a su vida personal, pero es comprensivo ante un espíritu atribulado. Tiene un sentimiento mesiánico sobre su función en la Tierra. Hay a su alrededor un mundo angustiado y enfermo que lo necesita. De ahí su repentina prodigalidad, incluso con los extraños. Cuando se propone algo, positivo o negativo, disuadirlo es una empresa imposible. Ni siquiera escucha a los mejores consejeros: él siempre sabe lo que le conviene porque se considera más lúcido que los demás.
Tiene el extraordinario poder del Agua y aunque suelen despertar miedo, terminan ganándose el respeto de los que lo “soportan”. Brinda su amistad y apoyo inconmovible a los que lo necesitan y sin que se lo pidan. Cuando pasa por momentos de pruebas, por duras que sean, demuestra una fuerza de voluntad para resistir y volver a un estado de normalidad propias de un gigante. Hace todo para siempre y si las circunstancias lo obligaran a cambiar de decisión, la nueva también sería definitiva. Plutón rige la adopción, por lo que es proclive a adoptar uno, al que se resistirá a contar su historia hasta que su especial lucidez lo convenza de que todo ser humano debe conocer su identidad. Lo tienta reflexionar sobre la muerte, no la elude como tema, pero es posible que haya sufrido heridas relacionadas con el abandono durante su infancia o juventud.
Si se casa y debe reincidir, sólo lo hará otra vez, posiblemente con la misma persona, pero si vuelve a fracasar, optará por la soledad compartida: siempre tiene acólitos que lo admiran, lo siguen y aceptan sus extravagantes invitaciones a viajes, fiestas de disfraces, teatro clásico o isla con 20 habitantes. Relacionan el sexo, fundamental en sus vidas, con la religión. Sienten que hay un magnetismo que fusiona mente y espíritu, no sólo cuerpos, en la unión sexual. A pesar de su máscara altiva y de su tendencia a afirmar que nada le importan los aniversarios y fiestas de guardar, existe un tremendo miedo al rechazo o la desvalorización. En realidad, se asusta de sí mismo, porque su reacción podría llegar a ser violenta si alguien lo disminuye. No abren su corazón casi a nadie, aunque estará dispuesto a que se lo abran y guardará lealtad ante toda confesión. Es egoísta, exige que cuando habla nadie lo interrumpa, pero admira a los interlocutores inteligentes y ama la armonía, especialmente la de las mujeres bellas e inteligentes.