El carácter de Leo

Leo es el signo intermedio de la trinidad maternal, el segundo de la triplicidad del fuego y el segundo de los signos fijos. Por consiguiente, puede decirse que encierra el punto central del zodíaco, y que, cuando se une con el signo siguiente, contiene sin duda la esencia de todos los doce signos. Leo gobierna el corazón y, por tanto, desde este punto debe juzgarse el carácter de los nacidos en este signo.
Situándose en el centro, como ocurre con este signo, encontraremos que las fuerzas del corazón van hacia arriba o abajo, pero únicamente en quienes se han individualizado completamente, o dicho de otro modo, tienen conciencia de sí mismos, encontraremos que la conciencia está centrada en el corazón. Hablando en términos generales, las emociones están plenamente activas en los caracteres de Leo. Son fuertes y magnéticos, y por poseer abundante vitalidad, llevan consigo un aura beneficiosa para todos. Son verdaderamente amables, de buen corazón y cariñosos, mas por lo general prefieren expresar su amor en acción porque su naturaleza emocional pertenece al corazón. Si bien pueden ser impulsivos y efusivos, éste suele ser el impulso de una naturaleza generosa. Poseen una individualidad muy atrayente y siempre tienen un carácter decidido. Suelen ser muy prácticos en lo que se refiere a sus ideales, porque, en vez de hablar de ellos, prefieren vivirlos. Mientras que la naturaleza de Aries siempre teje maravillosos ideales con el pensamiento y siempre parecen perseguir lo inalcanzable, los tipos de Leo buscan silenciosamente convertir sus ideales en realidad. Esto se debe a la maravillosa fe que poseen por naturaleza, siendo su lema: Sea lo que fuere, es lo mejor. Sin embargo, esto último sólo sucede cuando la naturaleza de Leo despierta, y se pone en acción el deseo de unificar la voluntad individual con la Voluntad Suprema. Siendo el centro del triángulo del fuego, poseen una naturaleza amorosa muy fuerte, que los hace muy ardientes y sinceros en sus afectos. Siendo el segundo de los signos fijos, y en contraste con los taurinos, en ellos la voluntad y el deseo están más unificados, y actúan más por el lado de la voluntad que por el del deseo. A las personas de Leo les encanta mandar, pero su mando es más del corazón que de la cabeza. Son filántropos, y siempre siguen los impulsos del corazón en lo tocante a la simpatía. Este signo produce individuos más completos que cualquiera de los demás, porque parece combinar lo práctico con lo filosófico, y lo ideal con lo verdadero. Si tienen control de sí mismos, son individuos maravillosos y consiguen influir a mucha gente.

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