El hombre Leo

Aunque el hombre Leo demuestre seguridad y sepa gobernar a los demás, guarda dudas intensas con respecto a su valoración y las disimula con una vanidad que suele resultar exasperante. Guardará un adolescente dentro suyo a través de los años y estará ansioso de que le digan, todo el tiempo, que es el mejor, aunque él sepa que se trata de halagos. Su espíritu generoso desea ayudar a los vulnerables y tolera y perdona a sus enemigos. El Sol, fuente de la vida, gobierna a Leo y le da su fuerza. El poderío vertiginoso de su virilidad, le produce al hombre de Leo una sensación de dignidad e importancia personal que le confirma el sexo opuesto. Con arrogancia, concluye que el mundo necesita de su sabiduría y él está dispuesto a suministrarla. Tarda un poco en comprender que los demás también suelen ser lúcidos y tienen bastante que enseñarle. Sus cualidades son el calor humano, la nobleza, la generosidad, la fuerza, el liderazgo, la lealtad y una mansa ternura. Sus defectos son la arrogancia, la vanidad, el falso orgullo, el despotismo, la soberbia y cierta promiscuidad.
Un hombre Leo entra a una habitación y la ilumina con su presencia. Su vibración produce a los demás la sensación de un baño tibio de calor y energía. Aunque se comporte como un felino, un monarca o un semidiós, tiene la tersura del gato malcriado, cariñoso y juguetón. Se sabe que los gatos son capaces de recorrer miles de kilómetros para encontrarse con su amo, de la misma manera, un hombre Leo hará sacrificios y será constante para reunirse con la mujer que ama. A pesar de su aire de orgullosa independencia es un hombre maravilloso.
Aceptemos que es superior en varios sentidos a aquellos con quienes tiene la condescendencia de hacer sociales. Inteligente, a menudo hasta bello y con un andar garboso, no pasa desapercibido. Pero a veces despierta ganas de contestarle violentamente, en especial, cuando afirma que él nunca se equivoca. No reconoce un error porque no tiene humildad, pero es tan seductor que termina siendo aceptado.
Sobresale por su apostura, su seducción, su humor, su gracia, pero también porque sus regalos son los más importantes, sus carreras llegan al pináculo, disfruta del mejor restaurante y tendrá un automóvil portentoso. No se puede imaginar una relación de amor, de trabajo o de amistad en la que no impere, con la aceptación de los demás, cautivados por su simpatía y solidaridad. Sin darse cuenta, irán convirtiéndose, lenta e inexorablemente, en sus esclavos. Cuando defiende una idea lo hará, de ser necesario, públicamente, a través de la televisión, de conferencias o de declaraciones en los periódicos.
Aun así, este León aguerrido necesita que le reafirmen que es perfecto porque está, en el fondo de su alma, absolutamente convencido de que no lo es. Salvo, en algunos momentos, cuando su brillo natural envuelve a todos y los deja complacientes, pero son rayos de luz que no configuran una constante. Es muy generoso cuando triunfa e impávido cuando pierde. Desconoce el rencor y tiene un sol refulgente en el corazón, por lo tanto su calidez es estremecedora y siempre encontrará algo en los otros para admirar y fomentar. Claro, mientras no le hagan sombra.