El carácter de Libra

Libra, signo de la balanza, el signo igualitario del zodíaco, es el segundo de la triplicidad del aire y el tercero de los signos cardinales. Es el primer signo de la trinidad reproductora. La individualidad de este signo se expresa en justicia, equilibrio, balance, orden y juicio desapasionado. A los nacidos en este signo se les nota por su capacidad de comparación; parecen ser capaces de sopesar y equilibrar mentalmente todas las cosas, como si estuviesen inspirados.
Como en todos los signos cardinales, en este también se encuentran extremos, pero tarde o temprano llegan oportunidades a su vida que les hacen adoptar un punto de vista imparcial y desapasionado.
El propósito del individuo que trabaja a través de este signo es buscar el equilibrio, y esto hace que a las personas de Libra les agrade tanto la armonía, que se sienten extraordinariamente sensibles hasta que todo su organismo se encuentra en estado de equilibrio. Siempre en disposición cordial y amigable, expresan más que nadie el lado venusiano de su naturaleza, y esto las hace corteses, dóciles y agradables. Son notables por sus facultades perceptivas y ya que, además, en este signo hay mucha inspiración, tarde o temprano los individuos de Libra llegan a comprender que no solamente hay un mundo visible sino también otro invisible; esto les hace visiblemente intuitivos, y en esas condiciones son capaces de beber de ambas fuentes. Poseen las formas más perfectas producidas por cualquiera de los signos, formas a través de las cuales el alma consigue expresarse mejor que por cualquier otro medio.
Así como cada signo del zodíaco se estudia mejor conociendo su opuesto, en Libra tenemos el contrapeso de Aries, que hace que las percepciones espirituales sean las más vivas y manifiestas, pareciendo tener la capacidad de adquirir conocimientos ocultos a través de la percepción interior. Estos dones psíquicos se obtienen de los planos mentales y no de los planos emocionales; esto, cuando están plenamente individualizados, les permite exponer moderadamente el conocimiento oculto contenido en la única gran religión del Mundo.
Parecen aceptar el destino de una manera que otros no son capaces, y comprenden la justicia de todas las cosas. Cuando trabajan siguiendo las líneas personales, estas personas viven más en el aspecto de la vida concerniente a las formas: llegan a ser extraordinariamente complacientes y muy sensibles, un tanto impacientes y con propensión a ser un tanto descuidadas, pero sus faltas y fallas personales son tales que se pueden perdonar fácilmente, porque por lo general tienen un carácter muy leve y son dóciles a todas las influencias buenas que las rodean.

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