El hombre Libra

El hombre Libra tiene dentro suyo la bipolaridad enigmática de la mezcla de hombre y mujer, ese misterio que llevó a la gloria a Greta Garbo, Rodolfo Valentino, James Dean y muchos más. La fuerza de lo masculino unida al refinamiento femenino. Por eso puede juzgar con tanta equidad a los demás. Precisamente, como no soporta la injusticia, sus decisiones son largamente reflexionadas. Tiene arraigada una profunda conciencia social y al enfrentarse con el prejuicio o la intolerancia, entabla interminables discusiones. Posee, como contrapartida, un gran poder de persuasión, por eso utiliza su empatía y su arrolladora sonrisa para conquistar a los demás, cualidades que terminan transformándolo en un triunfador. Es un hombre armónico por excelencia, por eso ama la música, el arte y los romances.
Necesita formar pareja, ya sea por amor o por negocios. Aunque se conserve espléndido, sabe que el otoño y el invierno se diferencian de la primavera y no quiere que lo sorprendan sin compañía. Sus cualidades son la justicia, la inteligencia, la dulzura, la simpatía y un gran equilibrio emocional ante las situaciones más complicadas. Para el hombre de Libra, el amor es la unión de los corazones y las mentes, una relación no necesariamente apasionada ni tampoco distante.
Hechizado por la belleza física, su regente es Venus, suele no sondear profundamente en las contradicciones más profundas de los sentimientos. Un hombre de Libra ama sin preguntarse las causas. Es lo suficientemente humilde como para preguntar lo que no sabe, movido siempre por la necesidad de actuar justamente. Si hace algo desleal, su conciencia no lo deja en paz.
Al verlo tan minucioso y precavido, la gente confía profundamente en él. Si comete un acto de violencia, por ejemplo matar, o si perteneciendo a las fuerzas armadas, tiene que segar vidas, encuentra para sí mismo la justificación acertada. Siempre será por una causa noble. De no ser así, se mentirá, convenciéndose de que no había otro camino, ya que él meditó el tiempo suficiente antes de tomar una decisión. Se desequilibra cuando los miembros de otro signo lo apuran a decir lo que piensa, sin darle el tiempo suficiente. Es atractivo, elegante, gentil y cuidadoso del orden. Vive dentro de un decorado distinguido, de colores claros y sin que lo molesten ruidos discordantes.
No tolera la ropa manchada o arrugada y la fealdad le produce cierta forma de repulsión. Por períodos, necesita descansos que otros confunden con pereza: estuvo utilizando toda su energía en un proyecto y queda extenuado. Ha trabajado con tanto vigor, eficiencia y silencio, durante un tiempo tan prolongado, que entrará en un lapso en que parece hipnotizado. Entonces habla poco y se siente tentado a estar en la cama el mayor tiempo posible.
Aquí se volverá irascible y hasta antipático si no lo dejan estar en una paz absoluta. Luego comenzará un nuevo período en que cambiará los muebles por otros más atractivos, trabajará con ahínco, cultivará exóticas plantas en el jardín, organizará reuniones, practicará jogging, tomará extensos baños de Sol, nadará, concurrirá a fiestas, se comprará una bicicleta fija e irá a bailar. Venus lo vuelve naturalmente optimista y, cuando es sentimental, se dedica con pasión a la música o a las letras.
Su virtud se traduce en no imponer a los demás su punto de vista moral y siempre estará dispuesto a darle una nueva oportunidad a la persona que ha infringido. No juzga. Con verdadera lucidez, espera que todo vuelva a ponerse en equilibrio, como finalmente ocurre. Precisamente, en Astrología, se lo conoce con el nombre de “El Pacificador” porque logra que reine la calma en cualquier situación complicada.