El hombre Piscis

Gracias a la sabiduría de su planeta regente, Neptuno, el hombre de Piscis sabe que el dolor y la maldad no forman parte del plan divino.
Reconoce, como ningún miembro de otro signo, la belleza de la verdad, por eso logra alejarse de las ondas negativas que aparecen en la Tierra. Debido a la misma causa, evita las discusiones y la tensión pero, lamentablemente, a veces suele evadirse en ensueños diurnos con el alcohol y las drogas, no necesariamente las más autodestructivas, o penetra en un mundo de la creación artística, de la meditación, de la filosofía o de retiro religioso.
De Piscis son los maestros, los monjes, los artistas, los músicos, los matemáticos. A nivel inconsciente, está dotado de las experiencias buenas y malas que elevan el conocimiento al rango de sabiduría, por eso siente una compasión inmediata por los problemas de todos los seres que lo rodean. Escucha sin cansancio y buscando una salida a las preocupaciones, tristezas, pérdidas y temores de todos los que se le acercan a confesarle sus tribulaciones. Neptuno le permite aceptar las debilidades de la condición humana y apiadarse de las caídas de los ajenos, sin condenarlos jamás.
Su instinto inicial es separarse de las situaciones complica-. das, pero es tan fuerte el instinto de compasión que lo inclina a comprender a los demás que termina conociéndose a sí mismo en profundidad. Tiene algo de cada signo, de ahí su superioridad: la candidez de Aries, la perseverancia de Tauro, la penetración de Géminis, la intuición de Cáncer, la lealtad de Leo, el razonamiento de Virgo, el entendimiento de Libra, la lucidez de Escorpio, la benevolencia de Sagitario, la inteligencia de Capricornio y la grandeza de Acuario.
Sólo en ocasiones esta multitud de dones lo exaltan y lo empujan a seguir el sendero directo de la resistencia activa, pero sólo se trata de raras excepciones. Sus virtudes son la sensibilidad, la modestia, la fineza de espíritu, la capacidad telepática, la clarividencia, la compasión y su gran capacidad de curar a los otros. Sufre hasta cuando es feliz, pensando en todos sus seres queridos que no comparten ese momento. Forma pareja de manera estable y duradera, con una tolerancia y dignidad infinita. Su casa es un templo.
Sin embargo, este hombre, extremadamente romántico, desea que sus sueños se conviertan en realidad y cuando esto no sucede suele ser huidizo y hasta infiel. La suya es una constante búsqueda del equilibrio emocional con una persona con su fina sensibilidad. En el medio del mar, abrazado a la mujer amada, es donde fantasea que se encuentra la plenitud. No es exageradamente celoso y pretende que le concedan un mínimo de libertad para enfrascarse en sus fantasías que muchas veces transforman en realidad.
Le hubiera encantado ser actor o animador de televisión porque, puesto a seducir, adquiere distintas personalidades y cuenta los hechos con gracia y de manera exagerada, logrando la carcajada de los demás. Calla mucho de sus sentimientos más íntimos y se ofende si le invaden su espíritu. Su solución es escabullirse y arrojarse en medio de las olas, hasta que se olviden de preguntar demasiado. Puede ser un excelente marido, siempre que no le critiquen su abnegación, su tendencia a los inventos y sus empresas variadas y hasta temerarias, de las que suele salir triunfador o en bancarrota.
En casos extremos y ante el temor del enojo ajeno puede disfrazar la verdad, transformándola en una mentira. Cambia de profesiones y proyectos como un adolescente, pero prefiere no formar pareja antes que lo priven de hacer verdad sus proyectos más extravagantes.