El hombre Sagitario

El hombre Sagitario es un filósofo escéptico que todavía no conoce las respuestas al enigma de la vida. Entonces, indaga más a fondo, con lucidez. Observa de manera penetrante, para seguir la afirmación de su regente, Júpiter, que dice: “Yo veo”. Este hombre siente el deseo poderoso de indagar su propia mente y de tratar de descifrar los secretos del comportamiento humano. Aun así, una parte suya rechaza esta constante investigación y desea vivir una existencia más sencilla. Es optimista cuando alcanza las alturas y cínico cuando baja a los abismos. Pasa de ser frívolo y alegre a mostrarse serio y recatado. Sagitario es el Centauro, mitad hombre y mitad caballo, que enfila las agudas flechas de su curiosidad directamente hacia donde se encuentra el gran conocimiento de los misterios de la vida. Su búsqueda de la verdad suele inclinar su alma hacia la religión, cambiando de un ateísmo visceral a un fanatismo espiritual.
En ocasiones, retoza como un payaso torpe, con una falta total de responsabilidad por el futuro; y otras veces, medita, elevando su alma en un trance simbólico. Debido a su planeta regente, Júpiter, el Arquero desea viajar, entibiarse en soles extraños, ver y aprender de otros países, pueblos e ideas.
Aunque acepte a regañadientes el trabajo y la responsabilidad, esta represión a la materialización de sus sueños lo inquieta de manera constante. Para encubrir su impaciencia espiritual, adopta una pose histriónica, teatral, que le permite distraer a los demás con una mezcla de farsas divertidas y trágicas, mientras espera estar en condiciones de seguir indagando respecto de las almas y sus máscaras.
Está apurado por descubrir la verdad antes de que termine la vida. No le teme a la vejez, porque sabe que suele ir acompañada de paz y sabiduría, pero aun así evoca, con nostalgia, los tiempos despreocupados de la juventud perdida y no se resigna a la inevitable madurez. Sus virtudes son el optimismo, el candor, la alegría, la lógica, la honestidad, la audacia y el entusiasmo. Sus defectos son la temeridad, la confusión emocional, la negligencia, la falta de tacto, la grosería y la inconstancia.
Cuando busca una pareja para toda la vida, se deja llevar por el idealismo; por lo tanto, la realidad suele lastimarlo. No ha buscado el amor dentro de sí mismo, porque tiene tendencia a ponerse ansioso con respecto a este sentimiento. Dueño de un excelente carácter; aparece cordial y alegre, veraz y optimista, pleno de brío y entusiasmo. Camina con una inconfundible flexibilidad. Se asemeja a los caballos de carrera, con la cabeza orgullosamente erguida, salvado de las restricciones y los tabúes de la sociedad. Tiene garbo en su postura y movimientos y, sin embargo, no puede evitar ciertos torpes traspiés físicos y verbales.
Hay algo contradictorio en su naturaleza. Algunos son vivaces y graciosos, otros serios y cavilosos. Confía en su buena suerte, le encantan las bromas pesadas y se aleja de los temores. La vida para él es un juego de azar. Se muestra benévolo y rebosa de buenas intenciones, pero de vez en cuando se enoja, y pronuncia frases crueles, pero nunca movido por la maldad. Llama a las cosas por su nombre. La norma de conducta de Júpiter, ya se trate del tipo alegre o del introvertido, consiste en buscar la verdad y, después de identificarla, proclamarla públicamente.
Le encantan los riesgos, los ideales; cantar, bailar y dibujar; leer, estudiar, observar, aprender y enseñar. Ejerce clemencia. No se disculpará, pero recuperará los afectos con cumplidos sinceros. Apuesta sin vacilaciones porque se sabe ganador. Para él, las malas rachas son pasajeras.