El hombre Tauro

El hombre Tauro siempre recuerda lo que ha aprendido, aunque haya sido con dolor y lentamente. Encuentra la felicidad en el círculo de la familia y en lo tangible, más que en el mundo extraño y bullicioso. Disfruta del gusto, el olfato, la vista, la audición y el tacto. Se aferra a los bienes personales y se complace cuando los llama “propios”. Como está gobernado por Venus, necesita que el afecto sea algo “tangible”, cercano, permanente. Es posesivo en el amor y con sus propiedades, por más pequeñas que sean. Le cuesta compartir su cuenta bancada, incluso con su consorte. Sus cualidades positivas son la tenacidad, la paciencia, la perseverancia y la convicción. Sus defectos son la obstinación, el ciego prejuicio y la sinrazón. Asocia el amor con todo el placer y la dicha y los necesita desprovistos de complicaciones, como si se tratara de un sentimiento puro, casi salvaje. Algunos de ellos siguen dietas permanentes porque se exceden en el peso, pero jamás llegan a ser obesos. Le encanta comer pero la espléndida contextura del Toro transforma las calorías en músculos.
Jamás se dejará llevar por impulsos amorosos o de negocios. Su testarudez llega a tan alto grado que puede desde cancelar una boda hasta romper un contrato que lo volvería millonario si no se respetan sus directivas. Sin embargo, puede hacerse cargo de que se equivocó, lo que lleva su tiempo. Disuadirlo es una pérdida de tiempo: asumir un error es mostrar “debilidad” y esta palabra logra que el Toro vea rojo, típico de los que tienen una ataque de ira. Sólo el humor le amortigua la caída de reconocer que se ha equivocado, pero manejado con prudencia. Su mayor virtud es la paciencia y si está convencido de que encontró su ideal de mujer le hará la corte, incluso si está en pareja.
Es un bromista genial y maneja con inteligencia la ironía. Marcha hacia sus metas en línea recta y no a saltos. Le gustan las buenas comidas preparadas en casa para comer en el jardín en verano y en el comedor en invierno, con la chimenea encendida, antes que sentar a una mesa del mejor restaurante de la ciudad, su amor por una mujer perdurará hasta su último suspiro. Sólo el humor le amortigua la caída de reconocer que se ha equivocado pero manejado con prudencia.
Su mayor virtud es la paciencia y si está convencido de que encontró su ideal de mujer le hará la corte, incluso si está en pareja. Es un bromista genial y maneja con inteligencia la ironía. Marcha hacia sus metas en línea recta y no a saltos.
Recoge con alegría lo que cosecha con su trabajo pero la mala suerte no perturba su serenidad. Sobrelleva, casi siempre, una pesada carga de responsabilidad, que acepta valerosamente. El típico Toro varón posee la misma fuerza de voluntad, serena y silenciosa, que su símbolo astrológico. Adora los billetes de banco que se multiplican, pero también las plantas que crecen en su hogar y que cuidará con esmero.
Ahorra para comprarse una casa en la plácida campiña, cerca de un manso río y lejos del smog y de las discotecas. Sabe instintivamente que las drogas son los falsos profetas contra los que alerta la Biblia.