Hombre Tauro Mujer Leo

El hombre Tauro no se siente cómodo ante una reina, porque le molesta el boato y las reverencias. Como tú buscas a un hombre que te venere y te cubra de lujos y ropa elegante, fiestas y joyas, desprecias a “los plebeyos”; por lo tanto, te inquietarás cuando este hombre pretenda que comiencen viviendo en un pequeño departamento. Alguien tiene que ceder y no será el Toro. Sin embargo, no encontrarás un hombre más apto de poner un reino a tus pies, materialmente hablando, que Tauro, pero no debes regañarlo ni perseguirlo.
Cuando te construya la mansión que ambos desean, no te calzará la corona de Alteza Real: tu misión será cuidar de que esté cómodo y abrigado, que se pasee cómodamente en calcetines sobre alfombras mullidas, bajo luces tenues y al son de violines. El quiere estar sumido en una existencia plácida y serena. Mientras esté concentrado en luchar por fijar los cimientos de su fortuna, le molestará asistir a fiestas o pasarle el plumero al trono de tu incontrolable vanidad. No te halagará, porque no pierde el tiempo. Aunque se trata de dos signos que pueden chocar violentamente, disfrutarán, si se lo proponen, de cenas románticas a la luz de la Luna. Los unirá la paciencia, escasa en Leo, por lo tanto practícala desde ya. Los atraerá siempre una cuestión de piel porque una Leona apasionada entre los brazos de un hombre fuerte derrocha sexualidad y ternura. Tú eres experta en caricias, en besos en la oreja y caricias de tus labios sobre sus manos varoniles y este hombre es vulnerable al tacto de una mujer. No es siempre romántico ni se detiene en preliminares, pero todo depende de que le sirvas comidas refinadas y le ofrezcas manjares en la boca. Comenzarán a entenderse cuando le demuestres que necesitas su amor y él logre la seguridad de que no lo abandonarás nunca.
Te recuerdo que la frigidez es una amenaza que siempre persigue a la mujer Leo porque nunca siente totalmente satisfecho su ego. Tu necesidad de halagos es tan demandante que cualquier hombre, hasta un Leo, puede fatigarse de encontrar todas las noches, en su cama, la espalda de una mujer que no se siente lo suficientemente “valorada”.
Y lo más triste es que nadie llegará a comprender que te sientes inmensamente sola y despojada. Será necesario que dejes tu falso orgullo de lado y hasta es posible que él se vuelva menos terco.
Casi inconscientemente, suelen tener una lucha por el poder que los lleva al alejamiento pero, en el fondo, los dos son lo suficientemente humildes como para llegar a una confesión sincera de lo que cada uno desea. Casi siempre, después de estas enriquecedoras conversaciones, evocan el tiempo en que se conocieron y vuelven a sentirse enamorados.
No esperes que se comporte como un príncipe de noble estirpe cuando se encuentre en casa. Te pedirá a los gritos que le pases los condimentos o te confesará que los sandwiches que preparaste están desabridos. Ve a la cocina y agrégale algo un poco picante.
En cualquier momento, caerán en las acusaciones mutuas tildándose de “rústico”, “soberbia”, “cabeza dura” y “petulante”. Aun así, lo rústico de él tiene que ver con su autenticidad y aprende de una vez que ser sincero es mejor que ser frívolo. El terminará comprendiendo que tu altanería es la protección que usas ante el temor de que te humillen.