Hombre Tauro Mujer Piscis

Con tu ternura y femineidad darás demasiado campo de acción al Toro. Llegará un día en que se burlará de tu afición a la lectura o te tomará por una persona que no piensa. Es ahí cuando, con la fuerza de Neptuno, pero con la suavidad del agua, sueles retirarte un instante para meditar o irte para toda la vida, con tal de revalorizarte. Por lo tanto, si te enamoraste de un Tauro refuerza tu ego: él comprenderá que, más que sumisa, eres ágil, despabilada y sensible. Tienes que superar cierto retardo en la acción (“luego me ocuparé de eso”); tu inestabilidad (“no sé dónde iré… pero salgo”); tu dependencia exagerada (“¿qué te parece que me conviene en este caso?”); y la sospecha de que no eres suficientemente linda ni inteligente para él.
No entiende que eres una esponja que absorbe los dilemas de los demás, situación que dejaría inseguro y tembloroso a cualquiera menos vigoroso que tú. Esfuérzate por ser menos vulnerable a la opinión ajena y mantener tus criterios, que no son menos importantes que los de los otros. Tu seguridad lo volverá más cauteloso y atento. Sentirá la fuerte atracción de la Tierra por el Agua y viceversa. Pocas experiencias humanas son más reconfortantes que la unión física de amor entre un Toro y un Pez que se entregaron mutuamente, con el único deseo de satisfacer sus deseos. La intimidad la logran con la ternura y el amor único e inigualable que se profesan.
Por momentos, te sentirás sola porque él siempre está atareado con su trabajo. Pero el Agua fecunda la Tierra y la penetra en el humus de la seguridad: si te muestras sentimental pero con temple, lograrás enseñarle a Tauto cómo escuchar la música de las estrellas, mientras lo abrazas con tu extrema sensibilidad. En realidad, representan los dos polos opuestos por la obstinada superioridad masculina de él y la docilidad extrema que puedes llegar a demostrar. Por eso conviene que actúen con más armonía y no caigan en la relación amo-esclavo.
Tendrán discusiones porque tú nunca observas la verdad como algo fijo sino como una situación que acepta varias interpretaciones. Pero para el Toro la verdad es una e irrevocable. Hay verdades universales que no cambian y verdades basadas en hechos indiscutibles. Por ejemplo: “¿Estabas en el cine hace una hora?”. Indudablemente sólo se puede contestar: sí o no. Pero en el cosmos todo es relativo y las verdades que tienen que ver con las emociones de las personas o con la opinión pública varían. Por lo tanto, ambos tendrán razón, según los casos.
La única verdad inamovible aparecerá en los momentos íntimos donde encuentran el sosiego y la satisfacción mutua. Pocas experiencias eróticas se acercan al placer físico que experimentan un Toro y un Pez que se han entregado el uno al otro, sin cuestionarse nada y con el único deseo de disfrutar. Siempre flota un clima de misterio alrededor de la relación sexual de estos dos signos. Generan una especie de melodía que sólo escuchan cuando él te estrecha con fuerza contra su cuerpo. De pronto te preguntará: “¿Es posible escuchar la música de las estrellas?” y tú, besándolo delicadamente, le contestarás con firmeza: “Sí. Se puede”.