Los Hombres Virgo del tercer decanato y el Amor

No quiere dejar nada al azar. Para él, todo debe tener un sentido, una razón de ser y una utilidad, empezando, evidentemente, por él mismo. No puede evitar preguntarse sobre todo y sobre nada, de nuevo empezando por él mismo. Se puede decir, pues, que carece de confianza en sí mismo, porque no tiene suficiente con ser tal como es y se cree capaz de perfeccionarse.

Esta mentalidad le hace excesivamente puntilloso, exigente, aspirando siempre a quedar totalmente satisfecho, hasta el más pequeño detalle.

Ahora bien, curiosamente, no es precisamente el orden lo que reina en su vida afectiva y amorosa. En efecto, sus exigencias le vuelven tan selectivo, y a veces incluso tan pesimista, que le cuesta mucho dejarse llevar por sus deseos, emociones o impulsos.

Carece de espontaneidad y sencillez, incluso aunque aspire, intelectual o teóricamente, a determinado conformismo amoroso y social. Puesto que, en realidad, los intercambios amorosos le suponen un aprendizaje permanente, y no puede creer que los sentimientos, tanto los suyos como los de los demás, sean tan simples.